Otro soneto para leer, uno de mis favoritos...
la luz iba inventándose serena.
La creí; me creyó. Fue la azucena
el pacto virginal del primer día.
Me llamaron. Salí y el mediodía
reverberaba ya sobre la arena.
Le creí; me creyó. Febril sirena
lúbrica en su furor resplandecía.
Me llamaron. Salí y atardecía,
el horizonte desde la antigua pena
me aludió. Pero ya no me creía
ni le creí. Y así empezó mi plena
intimidad con la melancolía.
Me llamaron. Salí y anochecía.
Eduardo González Lanuza.